"Angel de Fátima". Charlas radiofónicas que eran pequeños fervorines de diez o doce minutos, compuestos en el espíritu de la Virgen de Fátima y destinados a despertar en los oyentes la memoria de la Obra y solicitar su ayuda.

Fotografía de un Amanecer
Albamar;

EL ÁNGEL DE FÁTIMA

Capítulo XIX. REALISMO DEL MUNDO ANGÉLICO.

Es hora ya de que en estos nuestros comentarios sobre las apariciones angélicas a los niños videntes de Fátima hagamos una pausa para enfrentarnos con el problema que está en la base del hecho histórico de las apariciones; el problema de los ángeles mismos. ¿Existen? ¿Quiénes son? ¿Tienen nombre y personalidad concreta o son difuminadas e imprecisas entidades míticas que ciertas culturas primitivas han imaginado infantilmente como remedio de evasión para la soledad y la indefensión? El escenario cristiano del mundo sobrenatural, repartido en tres espacios, cielo, infierno y purgatorio, y ocupado por actores de diverso género, entre los cuales destacan los ángeles y los demonios, todos los cuales desarrollan un drama al que no se le puede negar interés y hasta belleza ¿no será todo él fruto de la inspiración artística de un pueblo y de unos siglos especialmente dotados de imaginación creadora? ¿No es algo de esto lo que, con más o menos precisión y decisión, piensan muchos cristianos contemporáneos, que contemplan a esos invisibles personajes con la suficiencia de una pretendida madurez científica que sabe valorar los datos comprobables y despreciar las fantasías? ¿No miramos ya a los ángeles como colocados en el mundo de irrealidad en que ponemos y sentimos a los personajes y las escenas del cine, la novela o el teatro?

De ser sinceros hemos de confesar que sí, que en mayor o menor grado contemplamos a los ángeles y a los demonios, y quizás incluso al entero mundo religioso, con ojos de irrealidad. Seguimos con ello cierta moda religiosa, en vigor desde la época del modernismo y actualizada por su descendiente y heredero el progresismo. Para él lo sagrado es propiamente el hombre, y lo religioso habita exclusivamente en ciertos sectores íntimos y apenas conscientes de la subjetividad sentimental de cada uno, especialmente transidos por la sacralidad propia del hombre, pero esencialmente afectados por la relatividad e intrascendencia de lo puramente sentimental. Si es así, si para nosotros lo religioso es exclusivamente sentimental, subjetivo y relativo, si para nosotros lo religioso no es más que un espectáculo fantástico más o menos dramático y artístico, hemos de confesarnos valientemente que hemos perdido la fe. Porque la fe no es de subjetividades sentimentales, sino de realidades; y relegando la fe al mundo del subjetivismo sentimental relativo e intrascendente, se la saca pura y simplemente del mundo de la realidad objetiva absoluta y universalmente válida. Con lo cual la fe queda destruida.

Los objetos de la fe son realidades concretas y precisas, perfectamente independientes de nuestros procesos mentales y sentimentales, porque son anteriores a ellos. Y por eso, los ángeles y los demonios ni son entidades elásticas que amplían o modifican su ser y sus capacidades todo lo que la imaginación de una religiosidad infantil necesite para explicarse el bien y el mal y evadirse del agobio de una vida signada por la pobreza y la estrechez, ni son puras ficciones literarias para explicar poéticamente las vicisitudes de edificación y destrucción que experimente la vida individual y social. Son sencillamente realidades creadas por Dios, dotadas, como toda realidad, de un ser, existir, esencia y naturaleza concretos y definidos, que son la base de sus posibilidades, imposibilidades y actuaciones.

Tienen el inconveniente de que caen fuera de la experiencia ordinaria de la inmensa mayoría de las personas. Por eso, las fuentes para conocerlos deben ser o bien la experiencia extraordinaria de quienes, con garantía de credibilidad, dicen haberlos visto y tratado, o bien sobre todo la revelación de Dios, es decir, el testimonio bíblico y el del magisterio eclesiástico.

Sirvan estas ideas generales como introducción al tema de la existencia y naturaleza de los ángeles y los demonios, que desarrollaremos a continuación apoyándonos en algunos textos escogidos del Nuevo Testamento.

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