

ARTÍCULOS
EL DERECHO A LA APOSTASIA
Sr. Director:
Supongo que el Arzobispado de Pamplona cuando, con motivo de «diversas entrevistas con representantes del movimiento gay en Euskalherría», «matizó ayer que no es Navarra la primera comunidad en la que se reconoce oficialmente el derecho a la apostasía» (DV. 13-Nov.) miraba tal derecho desde el punto de vista de la Iglesia misma, no del Estado. No tiene necesidad la Iglesia de declararnos que el actual Estado Español es laico y que, por lo tanto, no va a procesar a nadie con la acusación de ser apóstata. Lo sabemos perfectamente. Hay que pensar por eso que el Arzobispado habla desde su propia óptica. Y aquí empiezan mis perplejidades. Porque eso de «derecho a la apostasía», al menos a unos oídos formados en la mentalidad cristiana preconciliar, les suena fatal. Por eso, para evitar la cacofonía, trata uno de pensar que, como «derecho a la apostasía» el Arzobispado de Pamplona entiende la mera existencia del «hecho» sociológico de la apostasía y la intención, por parte de la Iglesia, de no coaccionar a nadie para que permanezca en su seno. De tal manera que, si sale de él, sepa el apóstata que la Iglesia no ejecutará contra él la pena de muerte y ni siquiera le encarcelará en sus mazmorras particulares.
Pero si es esta la correcta interpretación de las matizaciones del Arzobispado de Pamplona, resulta que el «reconocimiento oficial del derecho a la apostasía» es un parto de los montes. Más solemnidad no cabe en la formulación. Son cuatro palabras a cual más grandiosas y majestuosas. Saboréelas el lector:«reconocimiento», «oficial», «derecho», «apostasía». Y de ellas nace el «ridículo ratón» de un par de obviedades dignas de Pero Grullo.
Y aquí viene mi perplejidad. Porque si no es correcta esta interpretación, sino que hay que entender el reconocimiento del Arzobispado pamplonés de modo más serio, es decir, dando a cada una de esas cuatro palabras su valor real, resulta algo peor que un parto de los montes. Resulta que la alta Jerarquía pamplonica ha caído en apostasía. Yo, al menos, no veo cómo quien reconoce oficialmente el derecho a la apostasía no es él mismo un apóstata. Juan Pablo II, el Papa actual, en su encíclica sobre el Espíritu Santo «Dominum et vivificantem» afirma, si mal no recuerdo, que el pecado contra el Espíritu Santo, imperdonable según el Evangelio, consiste en creerse con derecho a pecar. Y la apostasía es, sin duda, un gravísimo pecado.
Gravedad, además, reconocida por el comunicado del Arzobispado, que dice que «la seriedad con que debe procederse en tema de tanta gravedad exige que la manifestación de renuncia a la fe e Iglesia Católica se haga de manera personal, con pleno conocimiento, libertad interna y externa y sin coacción». Vamos, que si quieres pecar gravemente lo hagas con toda seriedad y formalidad; ante Notario, si es necesario. Ese es el consejo que te da la Iglesia y es también tu derecho.
Ojala que el sentido de estas frases sea sólo lo de las mazmorras.
Alberto Basabe Martin
© Alberto Basabe Martín
Diseño: Fidenet Comunicación S.L.