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Fotografía de un Amanecer
Albamar;

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PREPARANDO LA PERSECUCION

Escribe Fernando Savater (D.V. 14-IV-97) un artículo en el que diciendo sin decir acaba diciendo que los que pertenecemos a la iglesia católica somos "los malos de verdad, los que asesinan para salvar al prójimo e imponer su fe". Se decanta también de sus medias palabras que el cristianismo primitivo era una "peligrosa secta que amenazaba la estabilidad del Imperio Romano". Insinúa que ganó en la contienda gracias a su "delirio y agresividad". Que, presas de un "misticismo autodestructivo de los que exigen inmolarse en aras de la perfección", los primitivos cristianos querían acelerar las vuelta del Mesías cargándose el orden del estado romano y, mediante "la plena renuncia a la sexualidad y sobre todo a la procreación", la institución de la familia. Y que la Iglesia, que para él surgió por un cambio de táctica de una colectividad resignada por fin a durar, sigue "comiendo" a sus fieles, sólo que "a poquitos".

Bastaría con haber sacado a luz estas tesis para que quedara manifiesta su falsedad. Pero vayan al menos los siguientes testimonios cristianos primitivos escogidos casi al azar. Leo en Orígenes, a quien Savater menciona, en su "Contra Celso", hablando de los cristianos: "Desde que han aceptado la palabra se han hecho de alguna manera más comprensivos, más respetables, más estables, hasta el punto de que algunos de ellos por el deseo apasionado de la pureza sobresaliente y para dar más puramente culto a lo divino no tocan los placeres sexuales permitidos por la ley" (1, 26). Armonía, serenidad y elevación moral a raudales, es lo que rezuma esta imagen, sin medio gramo de agresividad ni autodestrucción, que podía Orígenes haber deslizado aunque solo fuera para justificar su gesto drástico consigo mismo.

Nunca, desde el judaísmo más primitivo hasta nuestros días pasando por los primeros y los siguientes tiempos cristianos, ha perdido actualidad ni vigor la sentencia bíblica: "Abandonará el hombre al padre y a la madre y se adherirá a su mujer, y serán los dos una sola carne" (Gn. 2, 24). No cabe afianzamiento mayor ni más expresivo del matrimonio y la procreación.

Ni más clara manifestación de la obligación de obedecer a las autoridades civiles que la de Pablo, aquel líder señero de la "raza nueva de hombres nacidos ayer sin patria ni tradiciones asociados entre sí contra todas las instituciones religiosas y civiles", según párrafo de Celso, que a Savater le parece tan sensato. Dice Pablo: "Sométanse todos a las autoridades superiores. Porque no existe autoridad sino proveniente de Dios, y las que existen por Dios están constituidas" (R. 13, 1). En concordancia perfecta con el mandato de Jesús de dar al Cesar lo que es del Cesar.

Si el cristianismo es una secta, hay que reconocer que hay sectas y sectas y que no es justo descalificarlas a todas por igual, sobre todo cuando la descalificación se convierta en persecución abierta.

Alberto Basabe.

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