Página Web del Sr. Alberto Martín Basabe, donde pueden verse artículos publicados en diferentes medios de comunicación

Fotografía de un Amanecer
Albamar;

ARTÍCULOS

¿QUIEN ES EL QUE SIMPLIFICA?

Sr. Acosta:

He releído atentamente mi propia carta "El grito en el cielo" y no acierto a descubrir en ella las ideas que usted parece encontrar. Hay, sin embargo, un punto de coincidencia. Es su afirmación de que la prostitución de menores "legalmente constituye un delito y éticamente un acto deplorable". Creo que si usted ve su pensamiento opuesto al mío, es que no conoce su propio pensamiento.

Coincidimos en distinguir el aspecto legal del ético y en considerarlos "deplorables". Pero observe usted lo que significa "deplorable": algo capaz de suscitar llanto. Esto indica que es usted un hombre de sentimientos normales. Llorar es uno de los modos de expresar la tristeza. Y a usted se la produce tamaña injusticia cometida con los menores. Casi, casi pondría usted el grito en el cielo.

Ahora bien ¿qué es eso distinto de lo legal, capaz de hacerle a un hombre llorar o gritar? ¿No podíamos llamarlo malicia, o si lo prefiere, malicia ética? Observe ahora, señor Acosta, cómo la existencia de esa malicia se le impone como algo objetivo y exterior a usted, no como un producto de su interioridad. Usted no es un histérico que proyecte su imaginación y su sentimiento en la realidad exterior y vea en ella lo que no hay. Usted ve malicia en la prostitución de menores, porque en ella existe esa malicia, no porque se la invente, ni tampoco porque esté reconocida por las leyes humanas. Lo está; pero es algo distinto y superior a ellas.

Esa malicia proviene de otros imperativos. Difíciles, por cierto, de localizar. Por mi parte se me ocurría ponerlos donde va el grito: en el cielo. El cielo, con su altura, su inmutabilidad y su misterio, puede muy bien ser la fuente de donde emana la que concibo como luz de la conciencia y que ahora se me ocurre llamar "luz ética"; superior también a los pensamientos y sentimientos humanos y sus vaivenes. Yo creo en Dios y por eso no le extrañará a usted que identifique al cielo con El. Usted parece no creer. Y por eso le resulta esa fuente un misterio enojoso. Cuente usted con todo mi respeto. Pero al menos acepte el fondo de su propio pensamiento. Y no permita que su enojo destruya su propia coherencia mental y le haga caer en el ridículo que supone achacarme de simplificar la prostitución de menores y escribir para ello un artículo que es a su vez una flagrante simplificación.

Alberto Basabe

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