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D. Félix se jubila
Y con su chispa de humor. Chiste al comenzar y chiste para acabar. Es un modo de disimular el dramatismo de sus afirmaciones, que no tienen nada de chiste. La Iglesia -nos viene a decir D. Félix- ha exagerado en su enfoque de la Misa. Se ha puesto demasiado seria ante un mero banquete festivo. Nada de "actualización y ofrenda sacramental del único sacrificio", como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, "La Eucaristía -nos dice D. Félix- es regocijo entre amigos" Y no hay razón para actitudes reverentes, que pueden confundir a los niños, ni para imponer obligaciones de pecado grave, que corren el peligro de transformar en temor el gozo placentero que tiene que ser la comunión. "Mira, ahí sí que se ha equivocado la Iglesia. No puede ser falta, pecado grave, no asistir a Misa". Y animándose más, se lanza abiertamente a predicar la ¿necesidad? ¿profecía? de una Nueva Iglesia cuyas características no solo describe, sino que hasta decreta: "La Nueva Iglesia tiene que ser...". Por lo visto hay licencia general para que cada cura se invente su Iglesia con su correspondiente ritual y además nos lo quieran imponer, como si los fieles no tuviéramos el derecho de recibir de los sacerdotes doctrina y sacramentos conformes con las directrices de la única Iglesia de Cristo, que es la que todavía rige Juan Pablo II. Menos mal que D. Félix resulta buen profeta cuando nos dice que la Iglesia "terminará por purificarse". Se une así a la profecía de Jesucristo: "Los poderes del infierno no prevalecerán contra ella".
Alberto Basabe.
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