

ARTÍCULOS
CONVIENE ESUCHAR
Desde que un buen amigo me impulsó a darle respuesta, tengo sobre mi mesa, como un reto un artículo de David Montero de reivindicación de la homosexualidad, que se podía titular (él lo hace de otra forma) "desahogos desenfadados contra los nuevos cruzados e inquisidores". Y me es un reto porque, por una parte, las desfiguraciones injuriosas en que abunda, por lo vulgares, me inhiben la respuesta, pero por otra barrunto que el hombre que se esconde tras la máscara de histrión no es nada vulgar. Poco da de sí un artículo para conocer a una persona, sobre todo si está escrito con agresividad y uno, se siente por afinidad blanco de ella. Pero me parece descubrir en el autor una vida sentimental rica y hasta, si me permite la guasa -empleo el término en su mejor sentido- "polimorfa". Junto al sentimiento, un afecto exuberante y atento. Sabe valorar la naturaleza humana como fuente de los mayores goces y satisfacciones. Además posee, por supuesto, conocimientos jurídicos y una ideología ética, un sistema personal de derechos y obligaciones fundado, creo interpretar, en la naturaleza humana y en la libertad de opción, con una fuerte insistencia en los derechos ajenos como fuente de obligaciones propias.
Una personalidad así no entiendo cómo se ha cerrado en banda al diálogo con el Cardenal Ratzinger. Por muy Torquemada que lo vea, Montero tiene que pensar que sabrá guardar su espada de inquisidor y deponer su talante de cruzado y abrir toda su capacidad de escucha ante quien viene a él con ánimo dialogante. Lo muestra abundantísimamente en su escrito. Seguro que Montero encontraría sorprendentes puntos de contacto con él, si quisiera leerlo sin prejuicios ni burla. No hay en esas páginas ni rastro de la "eterna condena hacia el sexo" que él supone en el Vaticano. Leo casi al azar: "El cuerpo humano, marcado por el sello de la masculinidad o de la feminidad desde el principio tiene un carácter nupcial, lo que quiere decir que es capaz de expresar el amor con que el hombre-persona se hace don". A Montero le sobra inteligencia para ver el respeto, el humanismo, el realismo, la comprensión, la elevación y el amor con que el autor de esta frase acoge la sexualidad humana.
Amante de la igualdad, guárdela escuchando a la Iglesia con la misma sinceridad con la que él escucha a quienes acepta como interlocutores. Escuchar no es lo mismo que consentir y renunciar a las propias ideas. Y si estas son contrarias, mayor será la carga de serenidad que dejará la escucha: afirmará nuestra verdad y nos ayudará a reconocer los puntos en que carecemos de ella.
Alberto Basabe.
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